¿Qué puede decirnos la Sociología del fenómeno de la delincuencia y de la criminalidad en los tiempos actuales? Hipótesis No.1
(Hipótesis acerca de las importantes fracturas en la arquitectura cultural y en la arquitectura normativa del Perú contemporáneo)
Estas hipótesis fueron originalmente escritas en el año 2017 y han sido sustancialmente reformuladas en esta fecha:
23 de marzo del 2026.
La informalidad no es esencialmente un fenómeno económico. No. La informalidad económica es la manifestación de un proceso social y cultural más profundo de origen multicausal y que se ampara en tendencias de tipo disímiles. Una de las raíces más importantes al origen de esta concatenación de fenómenos, está en las mutaciones demográficas, sociales y culturales que genera el proceso migratorio desde los años 40s. Estas migraciones masivas irrumpen en el Perú oficial, especialmente en la metropolitana Lima, y empiezan a crear las condiciones de desarticulación lenta, soterrada, de la organización estamental de los estratos sociales prefijados del país. La geografía social de estos estratos prefijados y refractarios al contacto mutuo estaba localizada en Lima y en la costa urbana moderna, por un lado, y en los andes quechuas, por el otro.
Son las reformas radicales del Gobierno militar de 1968 las que finalmente empujan al resquebrajamiento definitivo de la sociedad estamental que dividía al Perú. Dentro de estas reformas radicales jugó un papel muy importante, en su impacto, la desordenada reforma de la propiedad agraria, que induce la culminación del ciclo histórico de liderazgo social de los propietarios de tierras de producción agrícola.
Es la irrupción migratoria, iniciada en los 40, la que dará lugar al nacimiento de una nueva morfología social prioritariamente en Lima y también en el resto del Perú urbano costero.
Sucede que la irrupción migratoria desarticula en pocas décadas, por su volumen y por su rapidez, la sociedad estamental largamente centenaria (aquella que Bryce Echenique logra retratar en su “Mundo para Julius”). Esta organización estamental termina por colapsar durante el proceso político de 1968-1980, especialmente al eclipsarse la élite tradicional que dirigió al país por tanto tiempo, con la expropiaciones de la Reforma Agraria, puesto que la propiedad agraria era la principal fuente de poder económico y concomitantemente de poder social y político.
La crisis de las elites tradicionales puestas a prueba por los procesos sociales que van entre 1940s -1980s (migración, urbanización, desempleo urbano, expansión de la “cultura de la multitud”, etc.) no dan lugar, luego de las reformas de 1968-1980, nacimiento a una nueva y sólida élite modernizadora de reemplazo con un liderazgo nacional y con una hegemonía de valores y normativa. Esta inusual “omisión sociológica” es especialmente visible en las regiones de mayor peso agrícola tradicional donde hasta el día de hoy un liderazgo económico regional de reemplazo, que es la precondición para el nacimiento de un liderazgo social regional legitimado, no ha logrado superar el desajuste estructural de 1968-1980.
El Perú informal (1980- ) por lo tanto se construye al margen de los islotes del Perú formal, prescindiendo de su estado, y por lo tanto técnicamente al margen del orden legal. La apuesta ha sido durante décadas la de acortar estas divergencias entre formalidad e informalidad, pero hasta el momento es una apuesta que no se ha abreviado con éxito apropiado. Por el contrario, actualmente desde la informalidad, fracciones de esta evolucionan peligrosamente hacia la ilegalidad.
Esta pérdida de hegemonía, esta pérdida de influencia social y normativa de la élite post 1968 es el resultado también de un significativo declive demográfico de su peso específico (migración al exterior de miembros de la elite, retiro generacional de la última promoción de propietarios agrícolas, etc.). Sucede que el peso social propio y el ingreso de “la multitud”, opacarán sustancialmente y de manera cuantitativa el alcance territorial de la hegemonía cultural tradicional.
La cultura de la informalidad nace aquí (el nombre escogido “cultura de la informalidad” es impropio para graficar con exactitud el tipo de cambio producido) y rápidamente, con una singular pujanza emprendedora típica ingresa también a la economía. En la economía la informalidad crece porque el país ha experimentado importantes problemas para dar empleo a su creciente población urbana.
Es aquí donde reside la legítima preocupación acerca de la evolución futura de ciertas parcelas de la economía informal y del riesgo de su evolución hacia la ilegalidad (estamos pensando por ejemplo en la minería ilegal).
Juan Carlos M. Schiappa-Pietra C.